Anoche en la charla de la UCES a la que asistí invitado por Edelman para contar acerca del caso de Officenet en cuanto al uso de herramientas web 2.0 y en particular cómo se relacionaba con temas de comunicación y PR, me asaltó una idea, seguro no es nueva, pero me gustaría empezar a desarrollarla.
Estoy pensando mucho acerca de cómo afecta la posibilidad de una conexión e interacción casi permanentes en la forma en la que nos desempeñamos y nos constituímos en tanto individuos. Cada uno participa en múltiples entornos con diferentes perfiles, si bien es la misma persona, con las mismas inquietudes, motivaciones y personalidad, la realidad es que según la situación, contexto o rol que desempeñe la persona se va modificando, al menos en parte, y, casi obviamente, actúa en forma diferente, mostrando otros costados de su «ser», inclusive, y muchas veces, «inventando» esos otros costados por un rato.
Con el advenimiento del streaming y de la conversación vía web 2.0, gran parte de nuestras vidas se comienza a transparentar más de lo que estábamos acostumbrados, entonces nuestro «hombre total» al que defino como la suma de todas nuestras experiencias, reflexiones y pensamientos, comienza a transparentarse y parecerse cada vez más a nuestro «hombre transparente» que es aquel que dejamos ver, el evidente, el que entra en contacto con el otro, con ese otro, que también se modifica según los contextos y situaciones.
Entonces me encuentro con una ecuación que es (hombre total/hombre transparente), y en la que el resultado si es mayor que 1 querrá decir que aún no nos mostramos como somos, si es menor a 1 quiere decir que mostramos más de lo que somos, y en la medida que nos acerquemos a 1 estaremos equilibrando nuestro «ser» con nuestro «parecer», y creo que en ese sentido la web 2.0 nos ayuda a confrontarnos con nosotros mismos, con el otro y buscar el equilibrio.
Esta es la presentación de anoche en la UCES, no tiene nada que ver con mi reflexión, pero todo surgió anoche: