Eso es lo que siento en este momento… en pocas horas es la entrega de los Premio Mercurio para lo cual estuve trabajando en las últimas semanas, si bien tuve buen feedback, y aunque en forma consciente me repito una y otra vez que es muy posible que no ganemos, que hay muy buenas compañías que hacen marketing en Argentina, que es un premio muy importante al cual nos presentamos por primera vez y con muy poca experiencia en premios, y toda una catarata de motivos por los cuales tendría que relajarme y no preocuparme del resultado, la realidad es otra, es muy distinta, y es que tengo los nervios de punta, que no puedo conmigo y que deseo de corazón que nos vaya bien… mañana les cuento.
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Los enemigos del aprendizaje
Siguiendo con la serie de robos, aquí va uno, esta vez lo saqué de un paper que me pasó mi coach, y que lo voy a tomar como un nuevo punto de partida.
El aprendizaje es un proceso por el cual desarrollamos la capacidad de llegar a la acción efectiva. Proceso que no puede ser iniciado o que se desarrolla de forma poco efectiva si existen determinados elementos que dificultan el arte de aprender.
Los obstáculos más comunes son:
01. Incapacidad de declarar ignorancia. “Yo no sé”. “No puedo demostrar que no sé”.
02. No ser conscientes del fenómeno de la ceguera cognoscitiva: “Yo no sé, que no sé”.
03. Incapacidad de incorporar el cuerpo en el proceso de aprendizaje.
04. Excluir el espacio emocional como parte del aprendizaje.
05. Querer tener todo claro, todo el tiempo.
06. No reconocer lo nuevo como nuevo. “Esto yo ya me lo sé”.
07. No tengo tiempo. “De acuerdo, aprenderé… ¡pero rápido!”.
08. No dar autoridad a nadie para que me enseñe. “Bueno… tal vez tenga que aprender, pero lo haré a Mi Modo”.
09. Vivir juzgando todo, todo el tiempo.
10. Confundir saber con tener información.
11. Creer que saber es sinónimo de tener la verdad.
12. “No voy a poder aprender”. “No puedo aprender dado quien soy”. Auto-juicios negativos.
Ya me cité con unos cuantos de estos para tener un mano a mano en la esquina.
Líderes naturales o formación de líderes
Como todo en la vida… ni blanco ni negro, y con todos los grises que se te ocurran.
Este último fin de semana, en el MBA, arrancamos con una de las materias blandas (como habitualmente se las denomina a las de la rama social) acerca de Liderazgo, y una de las primeras cosas que se encargó muy claramente Sandra de aclararnos es que «con 12 o 13 sesiones nadie sale siendo líder, pero vamos a intentar ver, desde el autoconocimiento, qué cosas traemos en la mochila y cuáles faltarían cargar para desarrollar actividades de liderazgo».
Una de las primeras lecturas fue un extracto del libro «Hablan los gurús» de Boyett y Boyett, donde con una ironía muy fina se desarrollan a la vez que atacan una compilación de recetas acerca de cómo lograr ser un líder.
Sobre este tema hay toneladas de discusión, pero creo que este libro puede acercarnos un enfoque interesante del cual rescato algunas ideas:
El «deseo de ser líder» y el «autoconocimiento»; la primera es acerca de quien tenga que liderar debe «querer hacerlo», es fundamental, es el primer paso; y la segunda está conectada con la parte del líder que no es aprendible o replicable y que tiene que ver con las aptitudes naturales, con su día a día, con cómo las personas desarrollan las relaciones. Un líder que intente generar relaciones laborales sin poder generarlas en su ámbito personal probablemente termine fracasando. Por eso si queremos apostar a ser líderes debemos tomar conciencia de nosotros mismos, de nuestras posibilidades y limitaciones, y allí es donde entra en juego el «autoconocimiento».
Un líder es definido por la relación con sus seguidores de buena voluntad, sin seguidores no hay liderazgo.
Según Boyett y Boyett, quien quiera ser líder, deberá cambiar la mirada tradicional del líder de la siguiente manera:
Abandonar la función de estratega y abrazar la de visionario: el líder debe ofrecer a toda la organización una visión clara de la compañía a futuro, un lugar al que llegar, una forma de actuar una visión que según Buró Nanas debe ser “un futuro realista, creíble y atractivo para la organización, una idea tan motivadora que el sólo hecho de pensarla llame a la motivación y los seguidores quieran alcanzarla.
Pasar de comandante a narrador de historias: según el psicólogo Howard Gardner las historias “son una parte fundamental de la organización”, contadas de forma correcta, actualizándolas, podrán conectar a los seguidores, motivarlos, inspirarlos y animarlos a apoyar la visión del líder.
Dejar de ser un arquitecto y convertirse en un agente de cambio y servidor de sus seguidores: según Boyett y Boyett “la gente se centra solamente en la cadena de mando y en las tareas que le han asignado, al respecto Bartlett y Ghoshal escriben ‘Los sistemas que aseguraban el control y la conformidad también inhibían la creatividad y la iniciativa’. Por eso es fundamental que el líder funcione como agente de cambio que obligue a sus seguidores a pensar y a prepararse para un futuro incierto (…) el nuevo líder se concentra menos en dirigir y controlar el comportamiento de los empleados y más en desarrollar sus capacidades de iniciativa y apoyar sus ideas. Y para esto es necesario que el líder sea un líder-servidor, orientado a las personas y su desarrollo, su meta principal es que sus seguidores se desarrollen al máximo posible.